Forjado: una excelente combinación de resistencia, ligereza y ductilidad.
Las características de resistencia mecánica y física de una llanta forjada se distribuyen uniformemente a nivel molecular. El resultado es una resistencia y durabilidad muy superiores a las de una llanta fundida equivalente, lo que mejora notablemente su rendimiento ante impactos y altas cargas.
Una llanta forjada es mucho más ligera que una llanta fundida equivalente. La reducción de peso de las llantas forjadas mejora el rendimiento general del vehículo al disminuir la masa no suspendida y optimizar las características de la suspensión, mejorando tanto la estabilidad en carretera como el comportamiento dinámico en curvas.
La ligereza de la llanta forjada se traduce en un menor momento angular. En la práctica, esto mejora la dinámica de conducción gracias a un menor consumo de energía durante la aceleración y una mayor potencia de frenado.
Mejora la comodidad al conducir. Gracias a las características de las llantas forjadas, la dirección es más ligera tras la instalación y la conducción a alta velocidad es especialmente estable, lo que mejora el placer de conducir.
Buena seguridad. En vehículos de alta velocidad, es común que los neumáticos se pinchen a altas temperaturas y que la fricción y el frenado reduzcan la eficacia de frenado. La conductividad térmica de la aleación de aluminio es tres veces mayor que la del acero, el hierro, etc. Además, gracias a las características estructurales de las llantas de aleación de aluminio, el calor generado por los neumáticos y el chasis del vehículo se disipa fácilmente en el aire. Incluso en viajes largos a alta velocidad o frenadas continuas en pendientes, el vehículo mantiene una temperatura adecuada. Esto no solo reduce la probabilidad de desgaste de los neumáticos y los tambores de freno debido a las altas temperaturas frecuentes, sino que también disminuye la tasa de pinchazos.